Una vez hice el amor en un cincamil

Cuando volteaste la cabeza a mirarme estaba nuevamente deshecho, voceaste suavemente mientras te acariciaba. – Follame cielo, lo estoy deseando – Me sonó terriblemente fuerte viniendo de tí y resultó sobrecogedoramente excitante. Dejaste libre nuevamente mi sexo y te fuiste doblando lentamente sobre la mesa, tomando apoyo primero con tus manos, luego en tus codos. Y separando las piernas, mi mente se deshacía recibiéndo los estímulos que eso me causaba. Estaba tremendamente erecto, tomé tu cintura acercándome poco a poco mientras meneabas cadenciosamente el trasero insinuándote.

Y entonces penetré. En segundos, pero me parecieron años. Solamente presioné con la parte superior sobre tí, estabas realmente ardiendo, y poco a poco se fue hundiendo, sin demasiada facilidad, pero eso me provocó aún más placer. Sentí como ambos cuerpos se acercaban, como el calor de tu interior me llenaba, hasta impactar suavemente sobre tí sintiéndome completamente dentro.

Y sabía lo que querías. Dediqué unos primeros movimientos a habituarme a lo que estaba pasando, tomándote de los hombros y empezándome a mover poco a poco. Procurando llegar cada vez hasta lo más hondo, intentando salir en cada ocasión hasta el límite… aceleré progresivamente mis movimientos y el placer se soltó. En segundos estabas agarrándote como loca, sentía tus gemidos como si nacieran de mí oído, desahuciaba mi placer en profundos suspiros una y otra vez, mientras mi cuerpo impactaba en el tuyo repetidamente en una posición que empezaba a excitarme cada vez más.

Pero aún no era suficiente para tí. Una tras otra habías ido desatando todas tus fantasías, sin dejarte ninguna, y no ibas a dejar para otro día la que más te hacía disfrutar. Tu rostro ahora me hacía excitar de verdad, me hiciste detener y volteaste a mirarme. Un solo movimiento de tu cuerpo fue suficiente para saber lo que querías. Mi sexo salió de tí y suspiré. Tomé tus nalgas pensando, pero no pude detenerme. Sobre tu ano se hacía más difícil ver porno online, aún humedecido con mis fluídos, pero estaba realmente duro… tuve que hacerlo con fuerza pero fue cediendo poco a poco. Tus gemidos entrecortados se parecían más a gritos de dolor, pero en ningun momento me pediste que me detuviera, tus movimientos solo pedían más y más y yo me moría por dártelo. Esta vez más lentamente, todo mi sexo entró apretado dentro de tí. Me pareció algo fuerte, inesperado… realmente no sabía como resistía tanto al ser mi primera vez. Ni en la más inimaginable de mis fantasías hubiera ocurrido.

Pero me sentía bien, sabía que a ambos nos faltaba poco e inicié el camino, entraba y salia cada vez con más facilidad, sabía que te dolía algo pero que a su vez el dolor te proporcionaba un placer inestimable. Doblada y sumisa, me mirabas medio volteada… observabas como te penetraba a cada movimiento, cada vez más cerca del orgasmo. Y leí tus labios, tus ojos… sabía que no ibas a permitir que la sacara un solo momento, ambos placeres se conjuntaron mientras te tomaba de los senos dejándome llevar hasta el más divino de los éxtasis. Chupabas con fruición uno de tus dedos y sentí como llegabas, cerrando los ojos, todo tu cuerpo se estremecía y no podía pararlo… golpeando cada vez más fuerte en tí intenté no dejarte un solo instante. Y no cesabas; un segundo orgasmo te sobrecogió y ya no pude más, lo estabas esperando y así llegó, empecé a correrme locamente y a gemir como nunca lo había hecho. Y te llené, creo que fue cuando más placer te ví sentir, tu espalda se sobrecogía moviéndose mientras el líquido empezaba a derramarse en tu interior, todo mi cuerpo temblaba y la penetración era tremendamente rápida, al límite. Así duró aún mi pobre xhamster… llegaste a un tercero mientras terminaba mis ultimos jugos dentro de tí, y así fui yo esta vez quien te acompañó hasta el último suspiro acariciándote la espalda y los senos mientras me empezaba a preguntar si aquello podría repetirse alguna vez.

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